Jugando a leer
Los niños ven a sus padres leer libros, diarios, revistas o mensajes de textos en sus teléfonos celulares y podemos preguntarnos cómo podrán...
Jugar, aprender, enseñar…. Tres acciones que poseen algo en común… Tres acciones que tienen algo de placentero, algo de deleite… Tres acciones que nos acompañan desde que somos niños a lo largo de nuestro desarrollo y que nos ayudan a crecer… Tres acciones que siempre deberían estar entrelazadas, no sólo en la infancia cuando lo natural es jugar, sino también en la adolescencia, en la juventud y en la madurez, cuando al enseñar-aprender –como educadores y como padres– disfrutamos del crear y construir nuevos conocimientos y de descubrir nuevos significados.
En esta obra, el Silablado, Pablo Cueto evidentemente disfruta enseñándonos algo construido por él, nos introduce en el aprender-enseñar-jugar-disfrutar del niño que balbucea. Magistralmente, en el enfoque dado a este tema, ha logrado una brillante síntesis entre su primera formación científica como biólogo, luego como psicólogo, a lo que se agrega su capacidad investigadora, el amor a la docencia y su comprensión y actitud empática hacia los niños. Cueto descubre la importancia del jugar, elemento clave y superador dentro de un desarrollo sano, natural, creativo y armónico. Es tal vez su propia experiencia de vida, la vida como aventura que se puede jugar, llena de desafíos y obstáculos que con alegría pueden ir superándose, como quien disfruta escalando una montaña o en el desafío de un partido de rugby. Serán tal vez sus compañeros de juego, sus compañeros de la vida que jugaron y todavía juegan un rol fundamental en la vida de este científico, quienes pueden haber dirigido su atención a la infancia, al aprender, al enseñar… jugando.
Enfatizo especialmente que leer no es deletrear sino jugar a entender lo que este texto me comunica. La lectura, el hablar, son llevados a su función primordial, la comunicación.
Vayamos ahora a la propuesta de este científico que desde su sabiduría es capaz, con total humildad y sencillez, de poner al alcance de maestros y padres una herramienta para que, jugando, se aprenda y se enseñe. Es una propuesta que tiene como objetivo generar un cambio educativo, iniciado hace años con la publicación de su primer libro “Silablado”, con el que intentaba insertar la enseñanza de la lectoescritura en el nuevo y necesario marco teórico que requiere la superación de la teoría clásica.
En esta nueva versión del Silablado, dirigido especialmente a padres, se parte también de la idea de que el aprendizaje de la lectoescritura es un proceso natural y puede darse de manera temprana aprovechando la habilidad natural del niño que balbucea y su interés en “conversar” con el texto. La lectoescritura en tanto entendida como un lenguaje –y con la ayuda de este adecuado método y herramienta– podrá ser aprehendida de la misma manera sencilla, espontánea y natural con la que el niño aprende a hablar. Dejemos de lado una concepción mecánica y elementarista de la lectura que, erróneamente, ha entendido que para que el niño adquiera la lectoescritura debe primero desmenuzar la palabra hasta llegar a las letras, para luego, en un nuevo proceso, unir las letras para recuperar la palabra inicial. Este doble trabajo de deconstruir y reconstruir, es evidentemente contrario a la inquietud espontánea del niño de “querer saber”… lo que los textos le dicen. La motivación del niño no radica en aprender letras separadas, sino palabras con significado. De este modo, a partir de esta intuición Cueto comienza a pensar en esta nueva técnica, distinta al deletreo, que conduce naturalmente al niño a aprender leyendo. Enfatizo especialmente que leer no es deletrear sino jugar a entender lo que este texto me comunica. La lectura, el hablar, son llevados a su función primordial, la comunicación.
Partiendo desde el balbuceo –ya sea hablado o manual–, partiendo del disfrute funcional y comunicacional del mismo –previo a la producción lingüística propiamente dicha–, Cueto llega a interrogarse de manera brillante: ¿existirá también un balbuceo lector? Y de manera brillante también Cueto llega a una nueva pregunta: si el balbuceo es un juego que permite al niño la comunicación con el otro a través de cualquier forma de lenguaje y esas sílabas repetitivas comunican y permiten un diálogo ¿será posible –entendiendo el texto como una forma de lenguaje– aprender a “hablar lo que dice el texto” valiéndose del balbuceo universal? De allí que llegar a la articulación entre el balbuceo como etapa previa a la lengua y el balbuceo como etapa previa a la lectoescritura, conduce al investigador Cueto a avanzar un paso más y pensar en algún método sencillo acorde a la etapa del balbuceo del niño que, a través del juego con sus padres, inicie su aprendizaje de la lectura.
Y de este modo el niño se comunica, a través del habla, a través de los gestos, a través de la lectura. Y también se comunica a través del juego de balbucear… del juego de balbucear manual, del juego de balbucear hablado, pero también del juego del balbuceo lector. Y así el niño juega y aprende, y sus padres le enseñan jugando con él. Pero Cueto no deja solos a los padres. Idea una técnica –de mucha complejidad en su base, pero sencilla en su aplicación– que favorecerá que los padres, jugando, disfrutando y compartiendo el juego y el disfrute con su hijo, enseñen y aprendan una nueva forma de comunicación a través del balbuceo lector.
La dialéctica entre lo biológico y lo cultural, en un marco perfectamente vigotskiano, da como resultado y también en coincidencia con este último autor, la “palabra”. Hablada, leída o escrita, el habla es para Vigotski la unidad en la que confluye lo individual con lo social.
La técnica del Silablado pone en acción la capacidad lingüística natural del niño para favorecer el aprendizaje del lenguaje escrito. La dialéctica entre lo biológico y lo cultural, en un marco perfectamente vigotskiano, da como resultado y también en coincidencia con este último autor, la “palabra”. Hablada, leída o escrita, el habla es para Vigotski la unidad en la que confluye lo individual con lo social, la unidad con sentido en tanto que comunica, y en tanto ese sentido es tan individual como cultural. A diferencia de Piaget, dónde el desarrollo es una paulatina socialización de los aspectos internos, en Vigotski lo social es primero y luego se hace interno. El texto, en tanto social, constituye un desafío para el niño, quien, jugando lo hace propio y lo conduce naturalmente al aprendizaje de la lectoescritura.
Pero la propuesta del Silablado se extiende también a niños que pueden tener dificultades en el aprendizaje de la lectoescritura, así como a aquellos que requieran de alguna rehabilitación neuronal o padezcan sordera. De este modo, esta técnica permite encauzar a una gran variedad de niños hacia un proceso natural y progresivo que recorre las mismas etapas que atraviesan los niños que no tienen dificultad para la lectoescritura..
Este método es motivante porque surge de la intuición del deseo lector en el niño y de la percepción de que lo que le interesa al niño no es el aprendizaje de letras sueltas sin significado, sino que la motivación natural del niño es aprender “a leer”, es decir, apropiarse de lo que el texto “habla y dice”, comunica.
Pero ha llegado el momento de escuchar lo que el autor del Silablado tiene para comunicarnos. Aprendamos lo que el Silablado, nos “habla y dice”. Dejemos que nuestra mente ya adulta se deje penetrar por la mente de este niño que balbucea, que juega a balbucear y que disfruta de su balbuceo. Y, como adultos, juguemos con él este juego lector que permitirá a los niños aprehender la lectocomprensión de una manera natural y divertida.
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El Silablado es un método de enseñanza de la lectura, natural y temprano, diseñado para ser empleado con niños de edad preescolar.