Prólogo de María Rosa Cerdá

del libro "Jugando a Leer"

Licenciada en Psicología (UBA). Docente e investigadora de la cátedra de Psicología Evolutiva: Niñez. de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Coautora del libro: "La juegoteca: Niñez en riesgo y prevención". Ed. Lumen. Ex-Coordinadora del Programa de Extensión Universitaria "Juegotecas barriales" (UBA). Ex-Interconsultora del Servicio de Neurología del Hospital de Niños "Dr. Pedro de Elizalde".

La propuesta metodológica descripta y justificada en este libro se basa en una conducta natural para el niño pequeño: el balbuceo, que le permite adquirir el lenguaje hablado de manera espontánea, produciéndose un corrimiento desde el lugar de infante o sea “el que no habla”. Este método denominado Silablado podría llegar a constituir un verdadero facilitador del aprendizaje de la lectoescritura. Según Roland Barthes, la escritura significó una revolución para el lenguaje, el psiquismo y la evolución humana, constituyendo una “segunda memoria” que acompañó a la primera o “biológica” ubicada en el cerebro. A partir de la escritura se distinguieron prehistoria e historia. La primera sin escritura y comunicándose por medio de la tradición oral. De allí que se valoraran tanto los mitos, que daban credibilidad a los sucesos en general. En cambio, la historia contó con la escritura para su trasmisión. Los griegos crearon el alfabeto en el año 700 AC aproximadamente y con él, lenguaje y acción se separan.

Posee la particularidad de ser abierto, susceptible de modificación en sus láminas y podría resultar adecuado para implementarlo en niños y jóvenes con problemas de aprendizaje o con trastornos severos del desarrollo como el TGD.

El hablar pierde el valor de evocar a los fenómenos y los hechos quedan grabados en muros y papiros. Una marca diferenció la acción instantánea de la perdurabilidad de lo escrito. También la madre va dejando una marca en su bebé al hablarle y musicalizar palabras con una cadencia especial. Se traduce en repetición de vocablos que hacen sonreír a los niños y se transforman en juego. Precisamente, juego y repetición son dos variables destacadas por el autor del Silablado, capaces de enlazarse en un balbuceo placentero y por lo tanto lúdico. En el mismo estilo está propuesto el método que nos ocupa para el aprendizaje de la lectoescritura en los niños.

Posee la particularidad de ser abierto, susceptible de modificación en sus láminas y podría resultar adecuado para implementarlo en niños y jóvenes con problemas de aprendizaje o con trastornos severos del desarrollo como el TGD.

Por el hecho de tomar dos variables muy importantes para el desarrollo del niño –como son juego y repetición–, la importancia del método podría potenciarse y llegar a constituir un valioso aporte técnico para el diseño y aplicación de las teorías del aprendizaje, poniendo a disposición los últimos descubrimientos científicos de las neurociencias en post de la facilitación del aprendizaje de la lectoescritura. Desde ya, es casi imprescindible que tanto las teorías del aprendizaje como las neurociencias se alíen sin tomar sus respectivos fundamentos teóricos como verdades universales e inamovibles, sino que sería necesario un marco de complementariedad.

Como afirma el autor, la novedad del Silablado no consiste en proclamar la posibilidad de un aprendizaje temprano de la lectoescritura, sino en agregar la etapa del balbuceo –tan natural en los primeros meses de vida– al proceso de aprendizaje del lenguaje escrito, brindando la posibilidad al niño de identificar mejor los componentes básicos de la escritura como lenguaje.

Y cómo no considerar los aportes del Silablado en la era del auge de las comunicaciones, sobre todo escritas –a través de las redes sociales–, que de algún modo dejan a los niños inmersos en la tecnología, en la que la escritura juega un rol protagónico.

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El Silablado es un método de enseñanza de la lectura, natural y temprano, diseñado para ser empleado con niños de edad preescolar.

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