¿Cómo jugar a leer?

Lic. Pablo Hernan Cueto

Con el juego el niño incorpora el mundo que lo rodea y leer es una actividad más para incorporar. Solo se trata de encontrar el juguete adecuado que le permita sentir que está leyendo.

Hay varias formas en las que un niño podría jugar a leer. La manera más espontánea y natural que uno puede imaginarse sería que un niño tome un libro de la biblioteca de sus padres y haga como que está leyendo hojeando su interior. De esta manera, estaría imitando a sus padres tratando de incorporar el mundo que lo rodea haciendo lo que mejor sabe hacer: jugando. Pero no en todas las casas el niño puede encontrar una biblioteca con libros a su alcance, ya sea porque los padres no suelen tener una biblioteca o porque la tienen pero no la dejan al alcance de los niños. "Con los libros no se juega", suelen pensar los padres en estos casos. Pero además, no todos los niños pueden observar a sus padres leyendo un libro. Así pues, sin ejemplos, sin estímulos y sin "juguetes" adecuados, parecería que es muy complicado para los niños poder jugar a leer. No obstante, hay padres que reconocen la importancia de saber leer y tratan de inculcarle a sus hijos esta conducta. Entonces, tratan de que los niños vayan acostumbrándose a estos "objetos" llamados libros. Con esta intención se han diseñado "libros infantiles" con todo tipo de atractivos para que los niños puedan "tenerlos en las manos" y de esta manera puedan "jugar a leer". Libros con dibujos, con colores, con sonidos, con elementos móviles, con elementos brillantes... con todo aquello que pueda resultarle atractivo al niño para que lo tome en sus manos y pueda jugar con él. En este enfoque, se parte de la idea de que leer es tomar un libro en las manos. Otro enfoque es aquel que parte de la idea de que un libro posee contenidos y posee historias que pueden ser "contadas". Así, se diseñan todo tipo de "libros infantiles" para que los padres puedan leerle a sus hijos mientras ellos observan pasivos los dibujos que ilustran la historia contada por sus padres (mientras los niños recorren velozmente los dibujos, muchas veces, sin prestar mucha atención a lo que los padres relatan). Esta estrategia intenta atraer los libros a los niños por la posibilidad de encontrar historias divertidas y atractivas para ellos. Si bien los niños se divierten con el contenido simbólico de estos libros, aún así no pueden jugar a leer, los libros los leen los padres y no ellos, ellos escuchan pasivamente.

La atracción que tienen los niños por las repeticiones en los textos es un hecho que ha podido ser observado por numerosos investigadores, aunque nunca le habían podido encontrar alguna explicación a tal conducta.

Para que los niños puedan sentir que verdaderamente están jugando a leer deben sentir que verdaderamente están leyendo, es decir, no solo haciendo la mímica de un lector o escuchando pasivamente lo que un texto "dice". Deben sentir que verdaderamente ellos pueden saber lo que un texto dice leyéndolos ellos mismos, deben sentir que pueden leer un texto. Pero en estos casos, la dificultad es obvia: la gran cantidad de caracteres y símbolos que encuentran en los textos le hace muy difícil al niño poder leerlos por la gran cantidad de irregularidades y variables que encuentran. Salvo en algunos casos en donde ellos pueden encontrar regularidades muy atractivas: las repeticiones. La atracción que tienen los niños por las repeticiones en los textos es un hecho que ha podido ser observado por numerosos investigadores, aunque nunca le habían podido encontrar alguna explicación a tal conducta. Esto cambió en el año 2006 cuando el biólogo y psicólogo Pablo Hernán Cueto logró relacionar esta conducta con una habilidad que tienen naturalmente los niños para comenzar a decodificar el lenguaje con el que se comunican sus padres, ya sea el habitual lenguaje hablado o ya sea el menos frecuente lenguaje de señas. Las anteriores investigaciones que Laura Ann Petitto había realizado en los años 2000 y 2001 no sólo habían demostrado que el natural balbuceo de los niños es una forma que tienen de "jugar a hablar", también demostraron que se puede manifestar esta habilidad en las manos de los niños cuyos padres se comunican por el lenguaje de señas ("jugando a hablar" el lenguaje de señas con lo que ella llamó "un balbuceo silencioso'). Entonces, la atracción que tienen los niños por las repeticiones en los textos se explicaría por esta habilidad "balbuceante" que tienen y que puede ponerse de manifiesto en distintas formas de lenguaje, incluso en el lenguaje escrito. Así pues, otra manera que tienen los niños para jugar a leer es a través de los textos repetitivos que presenta el Silablado. La diferencia que tiene este juego con los anteriores es que aquí los niños verdaderamente pueden sentir que están leyendo lo que los textos dicen, es decir, con este juego pueden conectarse directamente con el lenguaje escrito de los textos y descubrir en ellos un mensaje. Con este juego, lo que dicen los textos ya no representa para ellos algo inalcanzable al que solo pueden llegar los mayores sino algo a lo que ellos también pueden acceder haciendo lo que ellos bien saben hacer: jugando. Lo único que necesitan los niños para jugar a este juego son los juguetes adecuados que les brinda el Silablado con sus textos repetitivos especialmente diseñados para que entren en juego otras capacidades cognitivas que los niños poseen.

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